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sábado, septiembre 10, 2011

Calla y escucha, y después, habla por favor.

Yo creo que lo que te pasa es que te acojona que haya alguien que te pueda decir te quiero ahí fuera, dispuesto a quererte, sí, y te da miedo que de repente estes sintiendo lo mismo.
Porque te miro y veo tu cuerpo de casi 17 años, y veo también tu mente dividida en dos; por una parte, tienes tu lado inocente y por qué no decirlo un poco infantil, que me tiene conquistada pero que desearía que fueras capaz de dejar por unos momentos para abrir camino a tu parte un poco más adulta y expresaras tus sentimientos y lo que en realidad quieres. Porque los dos sabemos que ahí podría haber algo, pero si nos callamos entre bromas y gestos nunca se llegara a nada, y bien lo sabes.
Apenas sabía nada de ti y ya llamaste mi atención. No se como presentí que teníamos mucho en común, y cuando fui descubriendo más cosas sobre ti supe que no me equivocaba. Los primeros saludos eran raros; después de mucho años separados nuestras áureas conectaban por primera vez. 
Surgieron esas miradas de complicidad que solo están guardadas en tu memoria y en la mía. Si nos encontrábamos cada uno con nuestro grupo de amigos, siempre eras el primero al que me dirigía, te buscaba y notaba que ya me habías encontrado a mí. Cuando te abrazaba para despedirnos querría que el mundo se parara en esos segundos, que todo se detuviera excepto nosotros, y que por fin pudiéramos hacer lo que quisiéramos sin pensar en nada ni nadie más.
Así que te aviso, si alguna vez nos encontramos solos en un ascensor, no dudaré en darle al botón stop y quedarme ahí contigo para siempre; porque un metro cuadrado, algo de oxígeno, y , sería todo lo que me haría falta para subsistir el resto de mi vida. 

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